Estado N° 61 (25 de febrero de 2017).

El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Nos cansamos más, el cuerpo nos responde menos. Nos comienza a fallar la memoria, nos duelen huesos que no sabíamos que teníamos y músculos cuyos nombres no podemos recordar.

La vida transcurre y nos salen canas, arrugas, que combatimos por todos los medios habidos y por haber. Intentamos ser mas jóvenes, más lindos, detener el tiempo para no formar parte de la tercera edad, tan defenestrada, tan maltratada, tan olvidada.

En la antigüedad, los ancianos eran los sabios de los pueblos, a quienes se consultaba las grandes decisiones. Hoy, se los destrata y hasta se les cuestiona su experiencia de vida, sin escuchar sus palabras.

No somos eternos, ni existe algo para detener el tiempo y evitar que nuestro cuerpo envejezca, se marchite o muera. La mejor forma de lograr la eternidad es dejando una huella, marcando un rastro que otros sigan, plantando semillas de vida, de amor y de libertad. ¡Feliz sábado!

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