Estado N° 73 ( 14 de marzo de 2017).

La muerte tiene algo de inexplicable y de incomprensible, pese a que es algo absolutamente natural como proceso y parte de la vida.

Nos aterra la idea de partir, o de ver partir a los que amamos, tanto que somos capaces de estirar sus agonías de tal forma con la esperanza de que algún milagro vuelva el tiempo atrás y ese ser amado vuelva a su vida cotidiana como si nada hubiera pasado.

Nos negamos a envejecer, a enfermar, a padecer, porque soñamos la eternidad del aquí y ahora, del dejar todo como esta y no modificar nada de nuestro entorno, de lo que nos genera seguridad y proteccion.

Sin embargo, la vida nos pone de frente con esa experiencia y nos encontramos sin armas, sin preparación y totalmente desamparados ante la presencia de la enfermedad y el fantasma que la sobrevuela, la muerte, negándonos a aceptarla aún cuando ya sea un hecho consumado.

Inevitablemente, estamos expuestos a morir cada mañana, en cualquier momento. Y quizás, cuando nos ocurra, habremos estado tan pendientes en evitar ese suceso que no habremos disfrutado de la vida. ¡Feliz y bonito martes!

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