Estado N° 109 (1 de junio de 2017).

A veces miramos a nuestro alrededor y nos encontramos solos en medio de una multitud. Nos hacemos conscientes de que ninguna mano aparecerá a ofrecerse, más allá del compromiso verbal.

Duele, porque confiamos en esas palabras y esperamos que ese día, lejano en nuestras intenciones, quienes nos rodean nos den esa ayuda que nos permita salir de una situación complicada.

Es nuestra responsabilidad creer en esas palabras y decepcionarnos. Son nuestras expectativas las que nos enojan con ese resto, porque nos aferramos a esa promesa sin pensar que solo la acción las hace reales.

A veces, descubrimos de esa forma, dolorosa, nuestra propia fuerza. La lección es que no debemos enojarnos con ellos, ni con nosotros mismos. La enseñanza es descubrir que vivimos mejor cuando no esperamos nada...y quizás la vida nos sorprenda. ¡Feliz jueves!

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