Estado N° 117 (12 de junio de 2017).
De vez en cuando, sentarme a escribir y dejar volar a mi imaginación
sobre el teclado, es el mayor acto de rebeldía que puedo cometer.
Es contar mi versión de los hechos, es caminar por otro camino y tratar de ver como podría haber sido esa historia desde otro ángulo. Es bucear en mi alma y preguntarme a mi misma por qué fui cobarde en algunos momentos, es saber que lo que sucedió no podía ser cambiado y que, más tarde o más temprano, algunos hechos llegarían al mismo final.
Sentarme a escribir es mi grito de libertad, de guerra y de paz, es mi declaración de justicia y mi sentencia, es ordenar mi mundo y poner orden en ese caos que genera la realidad.
Es contar mi versión de los hechos, es caminar por otro camino y tratar de ver como podría haber sido esa historia desde otro ángulo. Es bucear en mi alma y preguntarme a mi misma por qué fui cobarde en algunos momentos, es saber que lo que sucedió no podía ser cambiado y que, más tarde o más temprano, algunos hechos llegarían al mismo final.
Sentarme a escribir es mi grito de libertad, de guerra y de paz, es mi declaración de justicia y mi sentencia, es ordenar mi mundo y poner orden en ese caos que genera la realidad.
Escribir es plasmar un beso en el alma de quien lee y dejarle la
oportunidad que, a su vez, sea libre para discutir consigo mismo si mis
palabras son ciertas, justas, inventadas o simplemente un cuento para
entretenerlo un rato y que por unos momentos se plantee su propia
revolución interior, se deje llevar y sepa que volar con palabras puede
ser el más maravilloso de los viajes. ¡Feliz lunes!
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