Estado N° 100 (10 de mayo de 2017).
Estamos en un tiempo extraño, en donde el respeto mutó a una rara
confianza en la que el insulto es la forma de expresar "cariño" a los
que nos rodean.
Leemos (o escuchamos)a nuestro alrededor como utilizamos palabras denigrantes para referirnos a nuestros amigos, pareja, familia. Chicas que se tratan entre sí de zorras, conchuda, putita, loca. Chicos que se tratan de forro, gil, puto.
En el medio nos encontramos con adultos que como reemplazo del nombre usan el "bolú" (reducción de boludo). Loca/o, tarada/o, hija/o de puta, guacha/o es lo mas liviano que se le dice al par, al propio.
Leemos (o escuchamos)a nuestro alrededor como utilizamos palabras denigrantes para referirnos a nuestros amigos, pareja, familia. Chicas que se tratan entre sí de zorras, conchuda, putita, loca. Chicos que se tratan de forro, gil, puto.
En el medio nos encontramos con adultos que como reemplazo del nombre usan el "bolú" (reducción de boludo). Loca/o, tarada/o, hija/o de puta, guacha/o es lo mas liviano que se le dice al par, al propio.
¿Qué nos queda decirle al de enfrente, al que nos daña, al que
realmente nos engaña y traiciona, si maltratamos así a quien queremos?
Una violencia comunicacional, verbal, expresiva que, tarde o temprano,
explota por algún lado.
El cancherismo tapó de tal manera al respeto, que igualamos verbalmente a quien queremos y a quien no en una maraña de palabras que ya no sirven para diferenciar quien es quien. Dirán que la lengua muta, evoluciona y la significación agresiva o afectuosa podrá determinarse en el tono de voz, en la gestualidad o en algún otro factor externo que nos ayude a determinar si nos palmean la espalda o nos clavan un puñal.
Tal vez esa violencia verbal sea la forma más clara de ver el mundo en el que vivimos y estamos construyendo a partir de ella. Tal vez, modificando un poco ese factor, estemos a tiempo de cambiar un poco ese exterior que nos rodea y hacerlo más amigable. ¿Y si por un día no usamos esos términos para referirnos a nuestro entorno? Probemos, nada se pierde y podemos ganar mucho! ¡Feliz miércoles!
El cancherismo tapó de tal manera al respeto, que igualamos verbalmente a quien queremos y a quien no en una maraña de palabras que ya no sirven para diferenciar quien es quien. Dirán que la lengua muta, evoluciona y la significación agresiva o afectuosa podrá determinarse en el tono de voz, en la gestualidad o en algún otro factor externo que nos ayude a determinar si nos palmean la espalda o nos clavan un puñal.
Tal vez esa violencia verbal sea la forma más clara de ver el mundo en el que vivimos y estamos construyendo a partir de ella. Tal vez, modificando un poco ese factor, estemos a tiempo de cambiar un poco ese exterior que nos rodea y hacerlo más amigable. ¿Y si por un día no usamos esos términos para referirnos a nuestro entorno? Probemos, nada se pierde y podemos ganar mucho! ¡Feliz miércoles!
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