Estado N° 102 (16 de mayo de 2017).

Toda historia de amor es digna de ser vivida, aunque esté condenada al fracaso desde el primer día. Eso lo leí hace muchos años, en una entrevista que publicaron en una de esas revistas viejas, que ya no se ven en los quioscos, a una creo que actriz, creo que española.

Y esa historia de amor puede terminar mal, puede llegar hasta el último día de nuestras vidas, puede que dure un día, puede que traspase el tiempo y se repita una y otra vez hasta alcanzar la eternidad. Lo importante es haberla vivido, haberse jugado a escuchar al corazón y seguir hasta donde sea...a veces el borde de un precipicio, a veces una extensa pradera.

El amor es una maravillosa sensación que, dicen, se siente sólo una vez en la vida. Y creo que es porque no nos permitimos amar, en muchas oportunidades, por factores que nada tienen que ver con el amor. La primera impresión puede ser pasional, espiritual, mental y, con el paso del tiempo, se consolida un "algo más" inexplicable, que nos lleva a tocar las puertas del cielo.

Podemos caer, golpearnos, lastimarnos y hasta morir. Podemos sobrevivir y seguir adelante con nuestras vidas, podemos volver a amar, de otra forma, aprendiendo algo de nosotros mismos, para que esa otra historia sea diferente.

Pero la impresión de ese sentimiento que no tiene explicación, de esa electricidad que te recorre el cuerpo, de sentir que puede acabarse el mundo y que no te importe nada, sólo porque estas con la persona que te despierta, que te lleva a un espacio en donde no cabe nadie más, en el que se convierten en Adán y Eva en el paraíso, es la razón de la sinrazón que provoca el amor.

Amar y quedarnos con las manos vacías, sin saber a donde ir, porque la cobardía o el destino nos alejó de esa persona, buscar el camino, volver a empezar, reconstruirnos a pesar del dolor, de las lágrimas, de las noches en las que arañamos las sábanas recordando su aroma, es señal de que hemos pasado por una de las experiencias mas vitales que existen en la vida.

Amar, después de todo, es la verdadera razón de nuestra existencia. ¡Feliz y bonito martes!

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