Entrada N° 9 (23 de diciembre de 2016)
Cuando llegan las fiestas de fin de año, son muchos los que hablan de
las sillas vacías, recordando a sus seres queridos que ya no están
debido a que murieron.
Y casi nadie habla de los espacios vacíos que han quedado por esos afectos que ya no están, pero que podemos cruzarnos en cualquier momento.
Los vemos cuando recorremos fotos viejas, cuando nos encontramos con algún conocido en común, cuando las redes sociales nos proponer ver qué hicimos este mismo día de cada año que hemos pasado como miembros activos.
Y casi nadie habla de los espacios vacíos que han quedado por esos afectos que ya no están, pero que podemos cruzarnos en cualquier momento.
Los vemos cuando recorremos fotos viejas, cuando nos encontramos con algún conocido en común, cuando las redes sociales nos proponer ver qué hicimos este mismo día de cada año que hemos pasado como miembros activos.
Leemos sus comentarios, sus risas; vemos sus sonrisas, recordamos su
voz y sus abrazos. Y ante la pregunta de aquél que no sabe nada, nos
ponemos tensos, nerviosos, esquivos al tema, porque nos duele la
distancia, más si no hubo una razón aparente.
Fueron amigos con quienes compartimos grandes momentos y que hoy ya no están. Quizás por algún desencuentro ideológico, por un mal entendido, o porque ni ellos ni nosotros supimos ver que ese alejamiento era un pedido a gritos de que los/nos necesitábamos más nunca.
Quizás no supimos encontrar las palabras para decirles que nos estaba ocurriendo. Y nuestra actitud nos fue alejando, creando un muro que, vaya una a saber la razón, ninguno estuvo dispuesto a derrumbar.
Tal vez porque ese vínculo cumplió su ciclo en nuestras vidas. Quizás porque ese lazo fue un intento de acercarnos a alguien con quien debíamos cerrar historias pasadas. O porque, en realidad, forzamos un afecto que no existía.
Debemos agradecerle a esos afectos que hoy no están, que también son sillas vacías de nuestras alma, porque no comprendimos en su momento que formaron parte de un plan ignoto por ambas partes, que nos cruzamos para aprender algo o para alcanzar alguna meta, sin que ninguno lo supiera.
Hoy miremos esas fotos, digamos que también permitimos que ese vínculo terminara y deseemos lo mejor para sus vidas, poniendo en paz al llegar nuestro corazón. ¡¡Feliz viernes!!
Fueron amigos con quienes compartimos grandes momentos y que hoy ya no están. Quizás por algún desencuentro ideológico, por un mal entendido, o porque ni ellos ni nosotros supimos ver que ese alejamiento era un pedido a gritos de que los/nos necesitábamos más nunca.
Quizás no supimos encontrar las palabras para decirles que nos estaba ocurriendo. Y nuestra actitud nos fue alejando, creando un muro que, vaya una a saber la razón, ninguno estuvo dispuesto a derrumbar.
Tal vez porque ese vínculo cumplió su ciclo en nuestras vidas. Quizás porque ese lazo fue un intento de acercarnos a alguien con quien debíamos cerrar historias pasadas. O porque, en realidad, forzamos un afecto que no existía.
Debemos agradecerle a esos afectos que hoy no están, que también son sillas vacías de nuestras alma, porque no comprendimos en su momento que formaron parte de un plan ignoto por ambas partes, que nos cruzamos para aprender algo o para alcanzar alguna meta, sin que ninguno lo supiera.
Hoy miremos esas fotos, digamos que también permitimos que ese vínculo terminara y deseemos lo mejor para sus vidas, poniendo en paz al llegar nuestro corazón. ¡¡Feliz viernes!!
Comentarios
Publicar un comentario