Estado N° 37 (20 de enero de 2017).

 A veces es bueno detenerse un poco en el camino, mirar hacia atrás y vernos a nosotros mismos avanzando poco a poco.

Porque la mayor parte del tiempo sentimos que estamos en el mismo lugar, inmóviles, que caminamos muy lentamente o que lo hacemos en círculos, sin llegar nunca a ninguna parte.

Esos círculos son las veces que tuvimos que aprender algo y no asumimos la enseñanza.  Repetimos experiencias hasta adquirir el conocimiento necesario para lograr nuestra madurez. Para darnos cuenta del error, debemos probar muchas veces y equivocarnos otras tantas.

Al mirar hacia atrás,  vemos a perdonas que hoy ya no están con nosotros, que fueron importantes, a las que les dimos un lugar que no se merecían, vemos a gente que valía la pena y, por vaya una a saber la razón, dejamos fuera de nuestra vida.

Sentimos viejas fragancias que nos recuerdan a nuestra niñez, a nuestros primeros pasos en la vida. Amores, risas, tristezas, momentos en los que quisimos que la tierra nos tragara y otros en los que nos sentimos los dueños del mundo.

Y de repente nos damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado. De las enormes distancias recorridas.  Reconocemos en nuestra piel las heridas sufridas por las caídas, y tantos reveses superados. Tal vez nos sintamos cansados, porque el sendero fue largo.

Tomemos aliento. Recuperémonos del cansancio. Estamos en un lugar al que,  tal vez, cuando comenzamos jamás imaginamos llegar. Tenemos permiso para descansar un poco. Ahora, miremos hacia adelante, porque su queda mucho trayecto por recorrer! ¡Feliz viernes!

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