Estado N° 23 (6 de enero de 2017).

Somos seres libres,  nacemos ignorantes de reglas y normas y, a medida que crecemos,  vamos aprendiendo a convivir en sociedad.

Se nos enseña que algunas cosas son buenas y otras malas. Y cuando hacemos algo mal, suele haber un castigo. Que no necesariamente debe ser físico. Sino una forma de corregir nuestras conductas.

No se trata de uniformar comportamientos y negarle a a alguien la posibilidad de ser su propia esencia. Se trata de hacerle comprender que algo en su conducta provoca dolor a otros, los daña o los perjudica.

Los derechos de uno terminan donde comienzan los derechos del otro, pero estamos inmersos en una sociedad que explicó todos los derechos, sin mostrar que detrás de cada uno existe una obligación. Y cuando alguien cree que tiene derecho a todo, sin haber hecho nada por ello o retribuir de alguna forma, se crean tiranos...o delincuentes.

El "joven en conflicto con la ley penal", eufemismo utilizado por funcionarios demagógicos que no quieren decirle delincuente a un delincuente, se equipara con la "hija de famoso conductor televisivo" o similares,  que maltrata a una de sus pares vaya a saber por qué razón.  A ambos, los educaron con la percepción de que todo lo pueden, de que el "no" es una mala palabra y con la convicción de que no existen límites a la hora de hacer o conseguir lo que se les ocurra.

Uno por defecto,  el otro por exceso, ambos cometen un delito. Sin embargo, se los wiki de culpa y cargo por su edad, se les da una palmadita en la cabeza y se los deja seguir haciendo, sin castigos. Que podría ser exigirles un trabajo comunitario, finalizar los estudios y demostrar con calificaciones que merecen incentivos o, en un punto límite, detenerlos. Porque, recordemos,  un chico que no tiene límites es tan peligroso para los demás como para si mismo. ¡¡Feliz viernes!!

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