Estado N° 25 (8 de diciembre de 2017).
Vivimos en un mundo lleno de ruidos. Una avalancha de sonidos nos inunda para no sentirnos aburridos. Nos aturdimos permanentemente con toda clase de elementos externos, quizás para no pensar o, muchas veces, para no sentir.
El silencio es presentado como algo sórdido, que nos conduce a la depresión, nos aísla del resto del mundo y nos encierra en un mundo oscuro. Sin embargo, el silencio sirve para escuchar nuestra propia voz, tantas veces y paradójicamente "silenciada" por el ruido.
Podemos meditar en medio de una multitud, pero para lograrlo hace falta mucha práctica. Podemos concentrarnos a través de una melodía, pero la misma puede guiarnos hacia donde deseamos desviarnos para no pensar.
El silencio total y absoluto hace que podamos escucharnos a nosotros mismos. De vez en cuando necesitamos apagar todo ruido externo y hablar con quien cada vez escuchamos menos.
No se trata de practicar el ostracismo o caer en depresión. Se trata de aprender un idioma en donde podamos estar en paz con esa persona que nos mira cada mañana desde el espejo. ¡¡Feliz domingo!!
El silencio es presentado como algo sórdido, que nos conduce a la depresión, nos aísla del resto del mundo y nos encierra en un mundo oscuro. Sin embargo, el silencio sirve para escuchar nuestra propia voz, tantas veces y paradójicamente "silenciada" por el ruido.
Podemos meditar en medio de una multitud, pero para lograrlo hace falta mucha práctica. Podemos concentrarnos a través de una melodía, pero la misma puede guiarnos hacia donde deseamos desviarnos para no pensar.
El silencio total y absoluto hace que podamos escucharnos a nosotros mismos. De vez en cuando necesitamos apagar todo ruido externo y hablar con quien cada vez escuchamos menos.
No se trata de practicar el ostracismo o caer en depresión. Se trata de aprender un idioma en donde podamos estar en paz con esa persona que nos mira cada mañana desde el espejo. ¡¡Feliz domingo!!
Comentarios
Publicar un comentario