Estado N° 13 (27 dediciembre de 2016)

La confianza es una de las bases de cualquier relación. Si no confianza, no hay amor o amistad que valgan, porque no sabemos qué puede hacer el otro con la información que le damos en nuestras confidencias.

Depositar nuestros secretos en otra persona, implica desnudarnos ante ella sin saber si nos resguardará esa desnudez o nos expondrá sin ropas a la calle, ventilando todo lo que sabe de nosotros.

La confianza tiene un socio para establecer cualquier relación: el respeto. Y sin respeto no suele haber confianza. Uno y otra van de la mano, demostrándonos si podemos o no hacer del otro nuestro amigo, nuestra pareja y, por ende, nuestro confidente.

Sin embargo, estamos en un momento en donde esos dos valores se han ido perdiendo. Y nos encontramos con que no siempre confiamos en que va a ser un celoso guardián de nuestra intimidad. Un respetuoso cómplice de las debilidades que tenemos.

Para lograrlo hay que seguir un largo camino. Aprender y conocer al otro. Dejar correr el velo con que tapamos sus imperfecciones y saber qué valores tiene. Si coincide con los nuestros. Si nos va a respetar, para poder confiar.

En este mundo tan acelerado, debemos aprender aprender mirar más allá de las apariencias. Ser pacientes y conocer a quien va a escuchar nuestros más oscuros temores. Porque le estamos ofreciendo un poder sobre nosotros que no imaginamos y, ante quien no sabe valorarlo, podría volverse en nuestra contra. ¡¡Feliz martes!!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Estado N° 65 (3 de marzo de 2071).

Estado N° 119 (15 de junio de 2017).

Estado N° 56 (15 de febrero de 2017).