Estado N° 15 (29 de diciembre de 2016).

Se han desdibujado los límites y, en consecuencia, el respeto. Lo que uno considera válido lo traslada a todo lo demás, traspasando las barreras y generando una enorme confusión, sobre todo en los que nos siguen los pasos.

Se puso de moda en algún momento que las reglas eran para romperse y la rebeldía era un signo de libertad. Sin embargo, la libertad se convierte en libertinaje a partir de los excesos.

Un niño bañándose en la fuente que rodea a un monumento que conmemora a loa caídos en Malvinas despierta preguntas y plantea que valores tenemos. Hay quienes dicen que es solo cemento, que allí no hay nada y hay quienes ven en ese espacio un lugar para recordar a quienes quedaron eternamente en las islas, y sienten que se le falta el respeto a la memoria de sus muertos.

Algunos se enojan y otros encogen los hombros. Sin embargo, nadie menciona que las aguas en donde el niño se refresca suelen estar sucias, llenas de restos de basura, debido al poco mantenimiento del lugar. No es una pileta. Es un espacio simbólico.

A ese niño se le enseña que puede hacer lo que quiere y donde se le ocurra, pues todo espacio es público. Puede apropiarse de lo que está al alcance de su mano, porque está en la calle, a su disposición y quien se enoje es solo un anticuado, un quejumbroso, un pacato que solo viene a molestarlo. En un futuro ¿qué límites intentará traspasar ese niño, jugando a que todo le pertenece, a que las normas están hechas para romper las y creyendo que todo lo que haga es un acto de rebeldía ligado a la libertad?

La libertad es conocer tus propios límites. La rebeldía es un acto de libertad sólo cuando ese límite no invade ni perjudica las libertades de otros. Las reglas se hicieron para dar un marco a la convivencia en esta sociedad. ¡¡Feliz jueves!!

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