Estado N° 33 (16 de enero de 2017).
Algunos creen que la felicidad es un estado de permanente alegría, en donde todo es hermoso, brillante, en el que todo el tiempo reímos y flotamos en una nube que nos conduce a nuestro destino, sin que nosotros tengamos que hacer nada más que dejarnos llevar.
Algunos confunden la felicidad con un estado eufórico, en el que todas las sensaciones están al tope. Y la euforia es una sensación pasajera, provocada por algún triunfo o evento especial. No es la felicidad. La felicidad, amigos, es otra cosa.
Sin embargo, vivimos en una sociedad a la que se le ha ido diciendo que solo se esta en plenitud y felicidad si explotamos en nuestras emociones y sentimientos, si todo funciona como un eterno parque de diversiones, multicolor y ruidoso, en donde la adrenalina sube a los niveles más altos.
Para lograr ese estado permanente de euforia, hay que recurrir a narcóticos o estupefacientes, porque físicamente es imposible reproducir el estado de euforia sin esas "ayudas".
Ya no reímos si no estamos excitados por alguna vaso de alcohol. Ya no hacemos el amor, a menos que el una pastilla nos ayude y se confunde el acto más hermoso del mundo con un impulso que ni siquiera es biológico, ya que se lo provoca con drogas para autodemostrarse y demostrar a los demás que forman parte de ese submundo falsamente feliz.
La felicidad no tiene que ver con ese mensaje de estar todo el tiempo "pum para arriba". Es una sensación de plenitud, de logró, de paz, de saber que llegamos a algún lugar, pero que aún nos queda mucho camino por recorrer. ¡¡Feliz lunes!!
Algunos confunden la felicidad con un estado eufórico, en el que todas las sensaciones están al tope. Y la euforia es una sensación pasajera, provocada por algún triunfo o evento especial. No es la felicidad. La felicidad, amigos, es otra cosa.
Sin embargo, vivimos en una sociedad a la que se le ha ido diciendo que solo se esta en plenitud y felicidad si explotamos en nuestras emociones y sentimientos, si todo funciona como un eterno parque de diversiones, multicolor y ruidoso, en donde la adrenalina sube a los niveles más altos.
Para lograr ese estado permanente de euforia, hay que recurrir a narcóticos o estupefacientes, porque físicamente es imposible reproducir el estado de euforia sin esas "ayudas".
Ya no reímos si no estamos excitados por alguna vaso de alcohol. Ya no hacemos el amor, a menos que el una pastilla nos ayude y se confunde el acto más hermoso del mundo con un impulso que ni siquiera es biológico, ya que se lo provoca con drogas para autodemostrarse y demostrar a los demás que forman parte de ese submundo falsamente feliz.
La felicidad no tiene que ver con ese mensaje de estar todo el tiempo "pum para arriba". Es una sensación de plenitud, de logró, de paz, de saber que llegamos a algún lugar, pero que aún nos queda mucho camino por recorrer. ¡¡Feliz lunes!!
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